EN EL CIELO HAY UN SINFÍN DE ESPACIO!!!



Domingo 5º de Pascua
22-045-2011



Dijo Jesús a sus discípulos: - No pierdan la calma. Crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay mucho espacio; y me voy allá a prepararles un lugar; (si no fuera así, se lo habría dicho). Y cuando se lo tenga preparado, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo estoy, estén también ustedes. Para ir a donde yo voy ustedes ya conocen el camino. Tomás le dijo: - Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo podemos conocer el camino? Jesús le respondió: - Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán tam-bién al Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto. Felipe le dijo: - Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Jesús le replica: - Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre... Créanme: Yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Créanlo al menos por las obras. Les aseguro que quien cree en mí, hará también las obras que yo hago, y aun mayores, porque me voy al Padre. Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi nombre. (Jn 14, 1-12)

¿Cuándo se pierde la calma y la paz? Cuando ponemos nuestra esperanza, nuestras ilusiones, nuestra felicidad y nuestra vida en valores o realidades que al final de cuentas se nos escaparán para siempre de las manos y de la vida.

La esperanza en Dios, en la resurrección y la vida eterna, cultivada con el esfuerzo sincero y permanente para vivir en la presencia amorosa de Jesús Resucitado y presente, nos devuelve la paz, porque esas realidades son infalibles, eternas, y nadie jamás nos las podrá arrebatar. Sólo nosotros podemos no valorarlas, renunciar a ellas y perderlas para siempre. ¡No lo permita Dios!

En la Casa eterna del Padre hay amor infinito, gozo inmenso; hay lugar para todos, no sólo para “ciento cuarenta y cuatro mil”, sino para “una multitud inmensa que nadie puede contar”, como dice el Apocalipsis (7, 9). Allá está Jesús preparando puesto para todos aquellos que se esfuercen de veras en seguirlo, imitando su vida y compartiendo con él su misión salvífica a favor de sus hermanos los hombres.

Tomás quiere conocer el camino del paraíso, y Jesús le responde brindándole la mejor definición de sí mismo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Es necesario creer a Jesús como Verdad para nuestra mente, amarlo como Vida para nuestro corazón, seguirlo como Camino para nuestra voluntad.

Cristo nos ha abierto “el Camino que nos conduce al Padre”, y nos invita a seguirlo tomados de su mano, amando como él amó y lo que él amó y ama. Él es “la Verdad que nos hace libres” frente a los falsos valores caducos que nos ofrecen los ídolos del poder, del placer y del poseer, que alejan de Dios y del camino que lleva a la vida eterna, la máxima riqueza. Jesús es la Vida de nuestra vida; él injerta su vida divina en nuestra vida humana y la hace eterna.

Felipe quiere ver al Padre cara a cara, lo cual sólo es posible en la vida eterna. Acá tenemos que contentarnos con verle por la fe, abriendo los ojos ante las maravillas que realiza a diario en la creación, en la historia, en la Iglesia, en el prójimo, con su palabra en la Biblia, en la Eucaristía, en nosotros mismos.

Jesús quizás nos reprocha hoy como a Felipe: “Estoy todos los días con ustedes ¿y no me conocen?”. Tal vez le rezamos, pero quizás no lo tratamos, no nos relacionamos ni conversamos con él como Persona presente y amante, ni lo amamos ni escuchamos como a quien nos ama más que nadie, sin dejarnos un momento.

Quien cree, espera y ama, hará el bien, tendrá paz, y Jesús le reservará un puesto en la fiesta eterna en la Casa del Padre.

P.J.